el chapo

•July 20, 2016 • Leave a Comment

los dias transforman
las babosadas en el piso
a manchas inciertas
donde la peda de anoche
sí que estuvo bien cabrona.

me levanto hoy con ganas
de comerme a lo que
me causa angustia
a los dolores
que poco a poco
se van yendo
a donde pertenecen.

agradezco las pendejadas
que cometimos ayer
y me alegro de poder
planear
más estupideces
que vendrán
mañana.

y luego:
empiezo a deslizarme
más allá
de donde estaba amarrado
de donde creí
nunca poder salir
una cárcel
de donde ni el chapo se pudiera escapar.

 

tercera persona

•July 14, 2016 • Leave a Comment

al solo escuchar tu nombre se me destrozan las tripas por dentro, la cara por fuera, el corazón para siempre.

las ganas de llamarte me cubren la cutis y es lo más difícil detenerme para que mejor no diga nada, nada que me vuelva a tumbarme al hoyo, ese hoyo horrible que me traga con fuerza, esa fuerza que me quitaste con el dolor que me sacaste al descuartizarme el cuerpo enterito. esa, esa fuerza que tendré que fomentar para seguir adelante en el camino y escribir esta historia por contar, la de cuando por fin te cambié de segunda persona a tercera, cuando por fin te dejé de tutear y escribirte a ti, cuando empecé a escribirle a ella.

capaz

•July 14, 2016 • Leave a Comment

capaz que no sé lo que estoy haciendo en este momento.
capaz que sé y no te lo puedo explicar aquí.
capaz que las luces me encandilan en la tibia noche de un junio que llegó sin anunciarse.
capaz que te ignore y no te diga por qué.
capaz que al evadir de su presencia se manifiesta en la visión de un atardecer de sombras y árboles.
capaz que le explico lo que la confunde y me confundo yo.
capaz que en la bici voy sentado estrenando calle y llanta ponchada.
capaz que la cerveza me daría un dolorón insoportable en la panza y aún me la tomaría, para olvidarla a ella aunque sea dos o tres minutos más.
capaz que nos veamos un día por segunda vez.
capaz que no.
capaz que las flores sigan flores y mi pulso siga cantando.
capaz que en el celular no me has guardado con nombre.
capaz que llegue cansado de trabajar y me acueste, deshaciéndome en cobija.
capaz que si.
capaz que tomar agua no alivia las agruras.
capaz que en mi cuarto solo y tomado, te aparezcas en forma de mosca; llegaste a chingar.
capaz que coincidimos en que coincidir ya era mucha coincidencia, y que esta forma vulgar de pensar el destino debe desaparecer.
capaz que estoy de acuerdo.
capaz que no soy capaz.
capaz que tú si.
capaz que sigo dando lata y los lloriqueos hacen eco en la lata de chela salpicada.
capaz que no te importe nada de esto.
a mí si.
capaz que olvidar mi primer amor y desamor me tomó exactamente treinta y siete cartas escritas a puño y letra en papel alineado.
capaz que nunca te las mandé, nunca las viste, escondidas en un una alcancía de puerquito pintado, alzadas hasta quebrarlo en caso de emergencia.
capaz que de joven nunca pensé pasar por algo peor.
capaz que pensé mal.
capaz que pasé la misma cantidad de semanas sin poder comer, ni dormir; treinta y siete.
capaz que con un churrito de la mari se me quitó todo eso.
capaz que tu recuerdo me seguía a los sueños que al despertar ignoraba y olvidaba, así nomás.
capaz que si.

a ti, a través del mar

•July 14, 2016 • Leave a Comment

a quién decirle lo que siento por ti si lo que te tengo guardado lo tendré que mantener a escondidas.

a través de mensajes inciertos y decires románticos la mera realidad es que te quiero cercas, te quiero aquí, conmigo.

no tengo más que decir, porque no es tan complicado.

pero tu ya tienes lo tuyo. y yo me encuentro en un lugar extraño, donde nunca he estado, un mundo nuevo, con miedo. sé muy bien que esto puede ser imposible y que sería mejor olvidarlo e ignorarlo, dejarlo morir, o más bien, matarlo con tiro de gracia.

pero yo: soy necio. hago desidia, como dice mi mamá. creo que no descansaré. te desearé hasta que quieras volver, cuando al fin acabes con él, o termines con él, o te despiertes un día y piensas que ya estás lista. allí estaré yo para llevarte e irnos a comenzar lo nuestro, comenzar otra vez.

al caminar junto a ti el camino se me hace corto y el tiempo se desliza al viento, se detiene y se desaparece sin huella. te siento acercarte y alejarte, vienes y te vas como las olas ruidosas del mar. un mar nos separa, un mar lluvioso e inocente, mares y mares de angustia y ansiedad me empapan al verte escapar de mis manos. mis manos combinan signos sin sentido para buscarle sentido a este cuento escrito, este cuento de hadas y de largas miradas, de noches borrosas que borramos del celular.

nos volvemos a callar.

pienso preguntar por qué, cómo, y cuándo, pero las respuestas se iluminan en las cuestiones filosóficas, y esto nada tiene que ver con el pensamiento, sino con las canciones que me hacen pensar, aún más, en ti, los versos sinfónicos de temas trágicos que se disparan de la bocinas mientras me besas, arriba de mi, y en el recuerdo, porque cuando me besas me haces perder la memoria, me das amnesia de lo que un día fue y no fue, y solo juntando los pedazos el día después puedo saborear tu alma hecha luz en la oscuridad, tu risa hecha nube tapando al sol, tu compañía una luna nueva cuando la vieja ya no está en mis noches calladas.

tu presencia la anhelo cada día y tus manos en las mías las acaricio como si fuera la última vez, o la primer vez, ya que nada tiene orden, todo se deshace y la mente la siento en blanco sin saber como decirte que te quiero aquí, que me acompañes en el largo camino de la vida aunque sea un rato más, que estoy loco por que me des una nueva oportunidad. pero sé que no puedo pedirte eso. así que me quedaré aquí donde estoy, queriendo besarte, queriendo amarte, esperando, deseando, escribiendo, pensando, desde lejos, acá, al otro lado del mar.

desierto

•July 14, 2016 • Leave a Comment

me fui al desierto
donde el sol quemaba
las piedras rezaban
me dejé al descubierto

buscando un oasis
los caminos mentían
se desaparecían
y me perdí buscándote

las estrellas formaban telaraña
la luna una sonrisa
yo decía pendejadas
y no te daban risa

la noche me calmó
el silencio me calló
la tierra me abrazaba
y en ella me dormí

la fogata brillante
consumía vida
la muerte se acercaba
nos acorralaba

en plena locura
te pedí verme a los ojos, al espejo
pero no quisiste verme
o es que no podías verte

me advertiste
que sin cuidado
acercándome a ella
me iba a quemar
y no te escuché

me fui al desierto
a buscar respuestas
y me devolvió
con puras preguntas

me fui al desierto
lugar sin perdón
un día regresé
y te perdoné.

con permiso

•May 10, 2016 • Leave a Comment

las sábanas saben que estuviste aquí sin permiso.

tu olor se relaja en mi cama como huésped sobrepasado, recordándome los besos que me dabas mientras la oscuridad nos miraba con sus ojos verdes. la noche, la calle.

nos encontramos años después en un bar y continuamos como si nada hubiera pasado, como si fuera ayer cuando tus manos se llevaban a las mías y tu boca prometía unirnos de una vez. después de esa vez pensé nunca más saborear tus deseos pero las ganas me ganaron. te tuve que buscar. y te encontré, otra vez. sin permiso, pero mira que a veces así deben ser las cosas. sin permiso. tu voz adelanta el paso de la noche y la madrugada se anuncia queriendo interrumpir el sueño, y los quehaceres nos impulsan levantarnos y dejar los pecados debajo de las cobijas, entre las almohadas y las sábanas olor a ti.

nos separamos sin saber como hacerle, sin saber si nos veremos o si esto debe terminar. yo no sé. solo sé que mi amor por ti sabe mejor así, con tu olor en mis sábanas y tus besos sin permiso.

él.

•March 2, 2016 • Leave a Comment

cuando lo pensaba no veía cara, ni escuchaba voz. a veces le atribuía, para pensarlo en imagen verosímil, una cara sonriente de otro niño que vi una vez, cuyo nombre no sabía. pero la cara de él no era esa, no era suya esa cara, ni la sonrisa. es más, cuando lo pensaba, nunca lo sentía sonreír, ni me lo imaginaba querer hacerlo.

entre las flores del jardín, o los hojas del limón o del naranjo, lo sentía cerca. él me acompañaba hasta donde subía y me escondía, pasando horas allá arriba. a mi se me hacía más difícil subir y bajar que a él, yo creía. él nunca se quejaba, y aunque serio, nunca me sentía yo inquieto o preocupado por él o con él. existía, estaba, y ya.

una vez nomás lo escuché decir algo, pero fue tan rápido y tan de paso que no pude captar bien su voz. incluso, lo hizo tan así que pensé que ni voz tenía, y el paso del tiempo me convencía más y más de eso. lo que dijo fue lo único que supe de él: su nombre. y yo a esa edad no necesitaba nada más para considerarlo amigo mío. su nombre era uno solo, sin comienzo ni fin, sin apellido ni principio, todo junto: Ortega Raúl. así todo junto. en ese orden.

él era así. no era como los demás. era sin comienzos, ni formalidades. no era como ellos, con sus nombres comunes, cristianos y bien ordenaditos. él era sin orden.

cuando lo pensaba a él viendo el sol del verano caer a paso lento, yo sentía que ya su mamá o su abuelita le había echado un grito para que se fuera a comer a su casa, pero yo nunca supe donde vivía, ni me interesaba saberlo, porque él siempre venía a conmigo. tampoco supe si de hecho tenía mamá o papá o abuelita o abuelito para gritarle como a mí me gritaban los míos. cuando mi tita me gritaba desde la cocina, yo me bajaba del árbol con cuidado y él ya se había lanzado hasta el suelo como si nada. yo me sacudía el polvo de la ropa y me despedía de Ortega Raúl sin decir nada. sabía que mañana lo iba ver -pensar- otra vez (hasta esa vez que en fin ya no lo vi), y que volveríamos a subirnos al árbol, tal vez al toronjo, y existiríamos así juntos sin decirnos nada y sin vernos, sólo pensarnos imaginados, así con las caras sonrientes de otros niños sin nombre que una vez vimos pasar, los que sí lo sabían hacer, los que sí sabían sonreírse y existir felices con otros niños, con los demás.

me lavaba las manos con jabón y agua calientita como me lo ordenaba mi tita, me sentaba en la silla de madera pegada a la pared, y, sin decir nada, comía.